Enaltecen el celibato, expresan animadversión contra la homosexualidad, y son pederastias
En la iglesia, la hipocresía impera, enaltecen el celibato, expresan la más absoluta animadversión contra la homosexualidad, y tienen la geta de encubrir a curas pederastias.
Las autoridades del Estado irlandés en connivencia con los sacerdotes pederastas, de ahí, que se ocultase la sistemática práctica de abusos sexuales cometidos por curas contra niños durante más de 70 años.
Un documento judicial revela la connivencia de la policía y la Fiscalía con cuatro obispos de Dublín, para así proteger a los curas que cometieron sistemáticamente actos de pederastia.
Este mismo año, el pasado 20 de mayo, se hizo público, el informe de los hechos que constataban la sistemática práctica de abusos sexuales cometidos por curas contra niños durante más de 70 años, y ahora recientemente, antes de ayer jueves, 27 de noviembre, se conoció públicamente la segunda parte del informe en el que se pone de manifiesto que lo hecho público el 20 de mayo es de suma gravedad.
Por segunda vez en sólo unos meses, Irlanda ha conocido los pormenores de un escalofriante informe sobre horripilantes abusos sexuales cometidos por miembros de la jerarquía católica. En mayo un documento desveló el abuso sistemático al que fueron sometidos durante décadas los niños acogidos en inclusas y orfanatos religiosos. Y el pasado jueves, 27 de noviembre, el Gobierno irlandés publicó un segundo informe sobre los abusos cometidos en la archidiócesis de Dublín.
El documento lo presentó el ministro de Justicia, Dermot Ahern, y consta de más de 700 páginas que se centra especialmente en el periodo que va entre 1975 y 2004, no obstante, hace referencia a que está horripilante situación se dio durante décadas, más de 70 años. En ninguna de ellas aparecen los nombres de las víctimas o de los agresores, para así no invalidar futuros procesos judiciales. Elaborado por una comisión independiente, el informe se centra en 46 casos. La orden de los Hermanos Cristianos ya ha prometido 145 millones de euros a modo de reparación.
El informe es tremendamente embarazoso para la jerarquía de la Iglesia católica irlandesa, a la que acusa de encubrir sistemáticamente los casos de abusos y pederastia para "mantener el secreto, evitar el escándalo y proteger su reputación".
El documento, que se centra en el periodo entre los años 1975 y 2004, y quedando más que evidente que el servilismo de las autoridades evitó que se investigara los crímenes. El ministro de Justicia irlandés, Dermot Ahern, admitió que las propias autoridades facilitaron el encubrimiento de los casos, pero sobre todo, se desprende de la investigación que la iglesia antepuso la defensa de su reputación frente a la protección de niños vulnerables que estaban a su cuidado.
El documento presentado por Ahern se centra en las alegaciones de abusos contra 46 sacerdotes de la archidiócesis de Dublín y abarca el periodo comprendido entre 1975-2004. La jerarquía católica encubrió sistemáticamente las denuncias para eludir el escándalo, y para ello contó con el apoyo del establishment irlandés y de su atávico servilismo hacia la iglesia.
Dentro de la iglesia, se daba la abominable situación, de que en lugar de informar a las auoridades sobre las denuncias de tremendas agresiones, los superiores de esos sacerdotes optaban por trasladarlos de parroquia en parroquia, donde acababan hallando a nuevas e inocentes víctimas.
La Iglesia Católica irlandesa gozó de inmunidad durante décadas para ocultar los abusos sexuales contra menores cometidos por sacerdotes de la Archidiócesis de Dublín, reveló un informe elaborado por una Comisión presidida por la juez Yvonne Murphy.
El texto del informe consta de 700 páginas, ha visto la luz con una serie de omisiones hechas deliberadamente para no prejuzgar presentes o futuros casos penales.
El informe, fruto de tres años de investigaciones, asegura que la política y tácticas ocultistas de la Iglesia se pueden resumir bajo la frase de tintes mafiosos "no preguntes, no hables". "La Comisión no tiene duda alguna de que el abuso sexual clerical fue encubierto por la Archidiócesis de Dublín y otras autoridades de la Iglesia. Las estructuras y reglas de la Iglesia Católica facilitaron ese encubrimiento", explica el texto.
"Las autoridades del Estado -prosigue- facilitaron el encubrimiento al no cumplir con sus obligaciones y asegurar que la ley se aplicase a todos por igual, lo que permitió a las instituciones de la Iglesia mantenerse fuera del alcance del proceso legislativo normal".
El documento excluye de este juicio al actual arzobispo de Dublín, Diarmuid Martin. No así a sus predecesores desde 1975. Incluidos los prelados John Charles McQuaid, Dermot Ryan, Kevin McNamara, los tres ya fallecidos, y Desmond Connell, ya retirado. "Ninguno de ellos", dice el informe, "llevó a la policía los abusos en los años 60, 70 y 80. No fue hasta noviembre de 1995 cuando el arzobispo Connell permitió que se entregaran a las autoridades los nombres de 17 sacerdotes de los que la archidiócesis había recibido quejas. E incluso ese dato no era completo, porque en ese momento se sabía que en la archidiócesis había quejas al menos de 28 sacerdotes".
Ahern ha anunciado que el Gobierno ha habilitado dos líneas telefónicas especiales para que las víctimas que puedan verse afectadas por la publicación del informe, y ha animado a quien conozca detalles de más abusos eclesiásticos de acudir a declarar a la policía. "Cualquier información nueva se tendrá en cuenta"; ha afirmado, "debe de haber gente ahí fuera que sepa lo que ha ocurrido y pueda llevar a los agresores ante la Justicia".
El informe se refiere precisamente a las denuncias de abusos a la policía y asegura que hasta ahora éstas no han funcionado. Básicamente por el servilismo atávico del Estado irlandés para con la Iglesia, que ha evitado que los escándalos se investiguen como es debido. En el caso de un niño de 11 años conocido como Andrew, por ejemplo, un sacerdote que supo de los abusos fue a denunciar lo ocurrido, pero los agentes llevaron el caso a la jerarquía eclesiástica, que echó tierra sobre el caso.
Ilustrativa de la participación policial en el encubrimiento es la historia de un pequeño de 11 años objeto de abusos. Un sacerdote acudió a denunciar las agresiones sufridas por Andrew, pero los agentes, en lugar de emprender una investigación, plantearon el asunto ante la jerarquía eclesiástica, lo que supuso el punto final del caso. El ministro Ahern ha reconocido que "en algunos casos, y debido a acciones u omisiones, algunas personas que buscaron ayuda no siempre recibieron el nivel de respuesta y protección que debió garantizarles la An Garda Siochána (policía de irlanda)".
Las autoridades del Estado facilitaron el encubrimiento al no cumplir con sus obligaciones y asegurar que la ley se aplicase a todos por igual, lo que permitió a las instituciones de la Iglesia mantenerse fuera del alcance del proceso legislativo normal, dicho en otras palabras, actuar impunemente al margen de la ley.
La indignación que ha suscitado el "Informe de la Comisión de Investigación sobre la Archidiócesis Catlótica de Dublín" obedece primordialmente la participación de los poderes públicos en un sistema que buscaba proteger a la iglesia por encima de todo. Los irlandeses ya habían asistido con horror al relato sobre los abusos sexuales de sacerdotes a menores, recogido en un documento que vio la luz el pasado mayo. El Informe Ryan, elaborado por la comisión investigadora de abusos a menores, es un catálogo de sistemáticas tropelías, de agresiones físicas y verbales cometidas por sacerdotes, monjas y personal seglar a lo largo de más de tetenta años. Una pesadilla que afectó a miles de niños y que tuvo su escenario en instituciones estatales gestionadas por la iglesia. La congregación de los Hermanos Cristianos, responsable de gestionar esos centros, ya ha prometido desembolsar 145 millones de euros en concepto de reparación.
Por otra parte, la Comisión investigadora de la Archidiócesis de Dublín ha examinado las acusaciones de 450 personas presentadas contra 46 sacerdotes por hechos ocurridos entre 1975 y 2004, así como el manejo del escándalo por parte de 19 miembros de la jerarquía católica, entre ellos el cardenal Desmond Connell.
El purpurado llegó a acudir a los tribunales para impedir la entrega de unos 5.000 documentos archivados durante su ejercicio al frente de la Archidiócesis.
Cuando abordó las denuncias de maltratos sexuales, Connell estableció en dos ocasiones juicios secretos bajo los términos de la Ley Canónica, según el informe.
La Comisión investigadora, no tiene duda alguna de que el abuso sexual clerical fue encubierto por la Archidiócesis de Dublín y otras autoridades de la Iglesia.
La Comisión halló pruebas de la existencia de pederastia en la Archidiócesis, detallando varios casos tan estremecedores como los recogidos en el llamado "Informe Ryan" del pasado mayo.
Un sacerdote, por ejemplo, admitió haber cometido abusos sexuales contra más de 100 menores, mientras otro confesó que, durante el ejercicio de más de 25 años de Ministerio, abusaba de menores cada "dos semanas".
En otra instancia, el informe denuncia que la policía irlandesa (la Garda) tardó 20 años en presentar cargos contra un sacerdote. "Altos cargos de la Garda, incluido el Comisionado (máximo responsable) en 1960, consideraban que los curas estaban fuera de su alcance. Hay algunos casos en que los agentes, de hecho, informaban a la diócesis sobre denuncias en lugar de investigarlas", añade el texto.
Aunque los abusos físicos y psíquicos de niños en parroquias e instituciones educativas públicas gestionadas por la Iglesia han sido sistemáticos desde la creación del Estado Libre irlandés (1922), uno de los primeros casos que alcanzó notoriedad fue el del padre norirlandés Brendan Smyth, quien ejerció en Belfast, Dublín y EEUU.
El sacerdote fue arrestado en 1994 en la República de Irlanda y encarcelado después por abusar sexualmente de 20 menores, durante un periodo de más de 40 años.
Su detención golpeó no sólo a la Iglesia Católica y a la sociedad, incrédula aún respecto a este tipo de casos, sino también al Gobierno de la época, que abandonó el poder por su chapucero manejo del proceso de extradición a Irlanda del Norte de Smyth, quien falleció en prisión en 1997 a los 70 años de edad.
Ocho años después, la pequeña diócesis de Ferns, al sureste de Irlanda, acaparó la atención nacional e internacional cuando un informe reveló la existencia de más de cien casos de abusos sexuales cometidos entre 1962 y 2002 por sacerdotes, algunos de los cuales trabajan o trabajaron en algún momento en la de Dublín.
Tres clérigos resultaron especialmente malparados, Sean Fortune -responsable de 26 agresiones-, Donal Collins -director de escuela- y Martin Clancy, quien violó y dejó embarazada a una niña de 14 años.
Aquella investigación también denunció la pasividad de varios obispos de la diócesis a la hora de proteger a los menores y la actuación de la Policía, acusaciones que se han repetido en posteriores investigaciones.
En este sentido, el obispo de la diócesis de Cloyne, en el condado sureño de Cork, John Magee, se vio obligado a abandonar su cargo el pasado marzo por violar las reglas establecidas por la Iglesia para abordar este tipo de asuntos retrasando, por ejemplo, el comienzo de las pesquisas sobre supuestos abusos.
No cabe duda alguna, del nauseabundo proceder de la jerarquía eclesiástica, son hipócritas por naturaleza, enaltecen el celibato, expresan animadversión contra la homosexualidad, y a pesar de eso, tienen la geta de encubrir aquellos de su organización que llevan a cabo infames actos de pederastia.
